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Selecciones 9

La Octava entrega.

Ya expliqué en esta entrada de qué se trata.



Selecciones v9.0

         Las ciudades, en parte las patrias y la unidad universal de la humanidad, no han sido hechas porque el hombre sea sociable; no lo es, sino conventillero.

Macedonio Fernández, colaboración de la Zapaya


De sentir su risa loca

Me sorprende la nostalgia que siento por épocas que apenas si recuerdo haber vivido. Nunca pienso en mí mismo a través de los años cuarenta. Los años cuarenta están reservados para la generación de mis padres y para pilotos con cazadora de cuero y cuello de piel, que sonríen desde la cabina de sus aviones.
A veces se abren para mí pequeños momentos, como cuando cruzo la cocina y el sol da en un color determinado de la pintura de la cocina. El azul pastel me provoca una ensoñación de una época de Vacas Lecheras, muy poca gente, todos conocidos entre sí, en un pequeño y aislado pueblo Americano. Viejas que casi nunca salen de casa. Viejas que me mandan a hacer mandados. Un loro casi más viejo que las mujeres. Un caballo que se llama Negrote. Un Chrysler gris con los asientos tapizados a cuadros. Hojas de sicomoro tan anchas como mi pecho. Una calcomanía medio despegada de los de mi cama, en la que aparece un Lechero completamente vestido de blanco, con una gorra de visera negra, rojas mejillas, y en la mano un cesto de alambre repleto de blancas botellas de leche. Olor a mujeres. Todas viejas. El olor de las viejas por todas partes. En los muebles. En los armarios. En los cajones, mezclado al de la madera. La imagen de mi tía muerta, sentada y tiesa, con una lámpara encendida junto al hombro, una mano caída junto a su regazo. Sus rodillas siempre me engañaron. Incluso muerta, sus rodillas parecían jóvenes y ‘no estaba bien’que tuvieran ese aspecto. Sus rodillas me atraían. A bocajarro. Cuando cruzaban las piernas le quedaba la piel blanca en la parte del hueso. Los bultitos de carne que se formaban en los bordes de los zapatos. Ella me decía que era por culpa de la humedad, que hacía que se le hinchara todo el cuerpo. Pero yo sabía que en realidad era por culpa de su insistencia en forzar a sus pies a que encajasen en cierta idea suya de pequeñez. La mitología de la pequeña Betty Boop. Fue esta contradicción entre sus pies y sus rodillas lo que me condujo a captar contradicciones más intensas incluso a mí mismo. Más tarde, me sentí secretamente agradecido a sus pies por esto.

Me fui chapoteando bajo la lluvia. Me alejé de la gente hechizado por los pimenteros y los rojos Cangrejos de río. Pesqué varias pelotas de golf a listas rojas en agujeros enlodados producidos por su propio impacto. Recuerdo que la emoción que sentía al encontrarlas tenía que ver con el hecho de que las hubiera perdido alguien. Con el hecho de que las había perdido a causa de algún fracaso. Algún desconocido las había golpeado fuera de la pista y ninguna mirada humana había vuelto a verlas desde entonces. Habían pasado junto a ellas los mapaches. Los arrendajos la había picoteado. La ardillas habían tratado sacarlas del pozo. Y, sin embargo yo, el primer ser humano que las localizaba, las extraía con un dedo, las limpiaba en el río y se las vendía a algún necio del Club. A veces, el mismo necio que las había perdido. Siempre notaba el gesto de culpable reconocimiento en sus ojos.
En aquellos tiempos yo debía de ser muy pequeño parque todas las caras parecían enormes.

Sam Shepard

Poema

No es hora prudente
para andar por la calle
sin recuerdos.
Ahora que la luna
ofrece su sexo gratis
a la luz de una mujer desconocida.
En este instante en que tu sombra
te acaricia el hombro
como esperando una respuesta.
  
Colaboración de Marta Melero, de su autoría

La culpa es de Tato Bores


-La culpa de todo la tiene el ministro de Economía dijo uno.
-¡No señor! dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.
-¡Mentiras!- dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro-. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.
-¡Falso!- dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo-. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.
-¡Pero, por favor...! -dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas-. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.
-¡Calumnias!- dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días-.La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.
-¡Se equivoca!- dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba "Haga su propio curro" pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco-. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.
-¡No es cierto!- dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero-. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.
-¡Eso es pura maldad!- dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso-. La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.
-¡Patrañas!- dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo-. La culpa de todo la tienen los comunistas.
-¡Perversos!- dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo-. La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.
-¡Verso!- dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.
- ¡Malvados!- dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.
-¡Racistas!- dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del Once-. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.
-¡Blasfemia!- dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.
-¡Error!- dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata. La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.
-¡Infamia!- dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente-. La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.
-¡Me ofenden!- dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren-. La culpa de todo la tiene los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.
- ¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.
-¡Desacato!- dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser-. La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.
-¡Negativo!- dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana-. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.
-¡Ustedes están del coco!- dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir-. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.
-¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial-. La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.
-¡Censura!- dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo.
- Thats not true!- (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida-. The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).
-¡Infundios!- dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.
-¡Ridículo!- dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto.
- ¡Cobardes!- dijo Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.
- ¡Paren la mano!- dije yo mientras me protegía detrás de un buzón-. Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro. ¡EL Otro siempre tiene la culpa!
-¡Eso, eso!- exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.
- Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: ¡Qué flor de guacho que resultó ser El Otro...!
Santiago Varela, para Tato Bores;colaboración de TodoElMundo


Frase genial:

"Soy tan pequeño que no me cabe la menor duda"

Augusto Monterroso

g

Cuando llegué a sentirme perdido en esa jungla cada vez más intrincada, calculé que siguiendo de esa forma no obtendria ninguna ventaja; pero, en lugar de intentar la salida, se me ocurrió la idea de ascender; cambiando de planos, aprovechando las distintas figuras separadas del horizontal. No era fácil; por supuesto, las figuras no estaban dispuestas en forma escalonada y, muchas veces, una vez alcanzada cierta altura debía descender porque no encontraba en las proximidades ninguna figura a una altura mayor. Mi viaje se lizo entonces muy complejo. Recuerdo que comencé trepando a un triángulo casi paralelo al plano horizontal, y luego pasé a un hexágono próximo que, aunque integrando un plano más bien oblicuo, me permitía mantener el equilibrio. Más tarde tuve que realizar verdaderas proezas, ascendiendo de un plano a otro por líneas verticales, filosas, o saltando, porque no tenía otro recurso, desde planos considerablemente altos a pentágonos o hexágonos de reducida superficie. En una oportunidad, la materia de un trapecio resultó de escasa consistencia -o tal vez algún desfallecimiento mío se tradujo en una voluntad de caer; lo cierto es que atravesé la materia de ese trapecio y caí, por fortuna, sobre un dodecágono estrellado que me sostuvo. El golpe me dejó atontado unos instantes, y asustado; pero me repuse rápidamente.

Novela Geométrica, Mario Levrero
Mario Levrero


Los brahamanes y el león

 En cierto pueblo había cuatro brahamanes que eran amigos. Tres habían alcanzado el confín de cuanto los hombres podrían saber, pero les faltaba cordura. El otro desdeñaba el saber, sólo tenía cordura. Un día se reunieron. De que sirven las prendas dijeron, si no viajamos, si no logramos el favor de los reyes si no ganamos dinero? Ante todo viajaremos.
Pero cuando habían recorrido un trecho, dijo el mayor: - uno de nosotros, el cuarto es un simple, que no tiene más que cordura. Sin el saber, con mera cordura nadie obtiene el favor de los reyes, por consiguiente, no compartiremos con él nuestras ganancias. Que se vuelva a su casa.

El segundo dijo : - Mi inteligente amigo, careces de sabiduría. Vuelve a tu casa.
-El tercero dijo: - Esta no es manera de proceder. Desde chicos hemos jugados juntos. Ven, mi noble amigo. Tu tendrás tu parte en nuestras ganancias.
Siguieron su camino y en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos dijo: - Buena ocasión para ejercitar nuestros conocimientos. Aquí hay un animal muerto; resucitémoslo.
El primero dijo: - Sé componer el esqueleto.
El segundo dijo: - Puedo suministrar la piel, la carne y la sangre.
El tercero dijo: - Sé darle la vida.
El primero compuso el esqueleto, el segundo suministró la piel, la carne y la sangre. El tercero se disponía a infundir la vida, cuando el hombre cuerdo observó: - Es un león. Si lo resucitan, nos va a matar a todos.
- Eres muy simple- dijo el otro-. No seré yo el que frustre la labor de la sabiduría.
- En tal caso - respondió el hombre cuerdo- aguarda a que me suba a este árbol.
Cuando lo hubo hecho, resucitaron al león; éste se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó que se alejara el león, para bajar del árbol y volver a su casa.


Panchatranta, de uno de los Libritos de Isabel, la del tren.
Me compré una casa, me casé, y sentí que debía levantarme por la mañana e ir a trabajar, como todo el mundo. Mi inconsciente se limitó a saturarme de ansiedad cuando llegaba allí, a la disquería donde trabajaba, y no podía comprender por qué. Y empecé a desmayarme. Es como si Beethoven hubiese querido realmente trabajar en una fiambrería, y le diera una fobia cada vez que empezaba a cortar rodajas de salame, así que tuvo que convertirse en compositor.
Philip K. Dick
P. K. Dick



El motivo

Todos rodeaban el cajón, velando al muerto. De pronto y ante la sorpresa general, el muerto se incorporó y dijo: “Denme un sólo motivo para vivir, uno sólo”. Unos a otros se miraron, y nadie pudo articular una palabra.

Martín Pinus
bien Martín!

Tiempo de alucinaciones


Virginia insiste sobre el tema del arte y las alucinaciones. Lo único que le puedo contestar es esto.
Me pregunto tantas veces, todos los días prácticamente, si lo que estoy viviendo no es más que una constante y continuada sumatoria de alucinaciones. Con arte o sin arte.
Admito que hay instantes en que esas alucinaciones se detienen y entonces hace su aparición el tiempo que, desde mi perspectiva, simula ser un abismo.
Pero yo sé que no es nada. Yo sé que el tiempo no es nada. Y si algo es, lo es todo por su propia cuenta. Todo lo que es y pudiera ser lo es absolutamente por su propia cuenta y riesgo.
Y yo sólo supongo que sé lo que es. Lo alucino.
De lo que estoy –a medias- seguro es que el que construye esas alucinaciones soy yo. También es a mí que, a veces, se me detienen esas alucinaciones que transcurren día tras día, todos los días. Es a mí que el tiempo, que hace lo que quiere sin mí, se le aparece como algo que simula ser un abismo.
Por eso le digo a Virginia –a quién, últimamente, alucino que odio- que cuando yo no esté más y, en ese momento cuando hasta mi tumba sea olvidada –cosa que ocurrirá, como en todos los casos, irremisiblemente, en la tercera generación posterior al enterrado; le digo a Virginia, que el tiempo estará todavía allí, exactamente igual que hoy... como una alucinación. Como algo que simula ser un abismo.
Pero, por favor, no me culpen porque yo ya no estaré allí. Otro será el responsable de todas esas alucinaciones.
Italo Pescecane Llobregat


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Final del cuento


Gordo fofo, no te quiere ni tu madre.


Una idea.


Culo sucio

El final de un cuento o el comienzo del otro, de un cadáver exquisito quizás.


El Tiempo dirá.







El culto jefe de gomierdo





Si no se entendió, clic acá
Le pregunté a Rodriguez Larreta si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
—Ah, es una delicia –me respondió–, ya estoy leyéndolo. 






Paráfrasis mecánica de " La culta dama" de  José de la Colina.



José de la Colina

De yapa (I), otro microrrelato del mismo autor:

LA BELLA DURMIENTE

El príncipe despertador besó a la bella durmiente, que despertó mientras él se dormía, y ella entonces lo besó a él, que despertó mientras ella volvía a dormir, entonces él…







Selecciones 8



La SÉPTIMA entrega.

Ya expliqué en esta entrada de qué se trata.











Selecciones v8.0


Hay más mujeres que cualquier otra cosa, excepto insectos,
 (De la película Gilda)


Yo me paso todo el invierno en quitarme el frío. Y todo el año en quitarme la inexistencia.
Macedonio Fernández, colaboración de la Zapaya


+ sueños 1.0
Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se lo cortaron y se quedó despierto para siempre.

Cesar Vallejo


Amor 77

Julio Cortázar
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Julio Cortázar, Colaboración simultánea de Maia y El Comandante Humita  (para mí que hay algo entre ellos, un 77 quizás)

Métodos de desobediencia cívica:

Sentadas: se efectúa el traslado al lugar previsto y se procede a sentarse, pero hay que estar sentado todo el tiempo. De otro modo, como se estaría es en cuclillas, postura que carece de significado político. 
Manifestaciones: el aspecto clave de una manifestación es que tiene que ser visible. Si una persona se manifiesta con carácter privado en su domicilio no constituye técnicamente una manifestación, sino meramente una acción estúpida o comportarse como un asno

Woody Allen

Un viejo lobo espacialv2.0

Carlos Gardini
Mi raza no es demasiado inteligente, sino más bien estúpida. Por eso somos fáciles de cazar. Pero como somos estúpidos, somos difíciles de retener. Siempre nos escapamos: no porque nos apasione la libertada, sino porque somos demasiado estúpidos como para pensar en las consecuencias de la fuga. Los cazadores nos atraen con espejitos, y nunca fallan. Pero cuando nos cansamos de los espejitos (somos vanidosos, y los espejitos nuevos pronto nos cansan, igual que las caras nuevas) nos escapamos. Aunque nos encierren bajo llave, aunque nos den latigazos, aunque nos marquen con hierros candentes, aunque nos amenacen con la horca o la guillotina o los trabajos forzados, siempre nos escapamos. A veces los cazadores nos matan, a veces se resignan. Buscan más espejitos y vuelven a cazarnos. Nosotros nos miramos las caras nuevas en los espejitos nuevos hasta que nos volvemos a cansar y volvemos a escaparnos. Siempre es así, pero del parque de diversiones no escapé nunca, porque nadie escapa del Espejo de Fuego.
Carlos Gardini, Juegos Malabares


f

Muchas de las figuras estaban trazadas sobre el mismo plano horizontal que me sostenía; otras eran verticales, cortando el plano, u oblicuas; las había tangentes al plano y luego, la gran mayoría, estaban Como flotando en distintas posiciones sin ningún contacto con el plano; y esa especie de bosque geométrico crecía hacia arriba sin que lograse ver hasta dónde. Tampoco me era posible calcular el perímetro que abarcaba esa zona, por más que, desde la distancia, me había parecido mucho más limitada que esta inmensidad compleja que ahora se exhibía ante mis ojos.
Mario Levrero
Algunas figuras estaban trazadas sobre trozos de planos, pero de muchas de ellas sólo quedaba el dibujo del contorno, sin la materia sobre la cual  habían sido inscriptas  misma materia uniforme que había encontrado hasta . ahora, la que podía atravesar si lo deseaba, pero de cuyos bordes afilados debía precaverme; había figuras perfectamente paralelas al plano horizontal, y si por azar alguna llegara a encontrarse a la altura de mis ojos me habría sido imposible verla, y podría sufrir un corte fatal. Debía, pues, moverme con la máxima cautela.
A medida que me internaba en el laberinto geométrico reconocía pentágonos, hexágonos, triángulos, cuadriláteros. Escaseaban las líneas curvas, y los círculos y las circunferencias se encontraban muy de tanto en tanto. También había infinidad de figuras irregulares, aunque el trazo de sus contornos siempre era nítido y perfecto.
 Novela Geométrica, Mario Levrero

Amor 88
Somos dos, por error, que la noche corrige.
Eduardo Galeano




Virus

Había un juego de ordenador, me lo dieron,
uno de mis amigos me lo dio, él jugaba,
dijo, es genial, deberías jugar,
y lo hice, y lo era.

Lo copié del disquete que me dio
para cualquiera, quería que todo el mundo lo jugara.
Todo el mundo debería pasárselo así de bien.
Lo envié por la red a tablones de anuncios
pero principalmente se lo envié a todos mis amigos.

(Contacto personal. Así es como me lo habían dado a mí.)

Mis amigos eran como yo: a algunos les daban miedo los virus,
alguien te daba un juego en un disquete y a la semana siguiente
o en viernes 13
te reformateaba el disco duro o te corrompía la memoria.
Pero éste nunca lo hizo. Este era segurísimo. 
Empezaron a jugar:
cuanto mejor juegas más difícil se vuelve el juego;
quizás no ganes nunca pero puedes llegar a ser bastante bueno.
Yo soy bastante bueno.

Por supuesto que tengo que pasar mucho tiempo jugando.
También lo pasan mis amigos. Y sus amigos.
Y las personas que te encuentras, las ves,
que andan por las autopistas viejas
o hacen cola, lejos de sus ordenadores,
lejos de las salas de juegos que surgieron de la noche a la mañana,
pero que lo están jugando en su cabeza mientras tanto,
combinando formas,
cavilando sobre curvas, poniendo colores junto a colores,
girando señales hacia secciones nuevas de la pantalla,
escuchando la música.

Claro que sí, la gente piensa en él, pero sobre todo lo juega.
Mi récord son dieciocho horas seguidas.
40.012 puntos, 3 fanfarrias.

Juegas a pesar de las lágrimas, el dolor de muñeca, el hambre, 
después de un rato
todo desaparece.
Todo menos el juego, debería decir.

Ya no me quedas sitio en la mente; sitio para otras cosas.
Copiamos el juego, se lo dimos a nuestros amigos.
Trasciende el lenguaje, ocupa nuestro tiempo,
a veces creo que últimamente me olvido de las cosas.

Me pregunto qué le pasó a la TV. Antes había TV.
Me pregunto qué pasará cuando me quede sin comida enlatada.
Me pregunto adónde ha ido toda la gente. Y entonces me doy cuenta de que,
si soy lo bastante rápido, puedo poner un cuadrado negro junto
a una línea roja,
duplicarlo y hacerlos girar para que ambos desaparezcan, 
duplicarlo y hacerlos girar para que ambos desaparezcan, 
despejando el bloque izquierdo
para que suba una burbuja blanca...

(Así que ambos desaparecen.)

Y cuando la electricidad se apague para siempre entonces
lo jugaré en la cabeza hasta que me muera.

Neil Gaiman, colaboración de sotelo/

Cantata

Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover.
Sube al taxi nena, 
los hombres te miran,
te quieren tomar.
ojo al ramo nena,
las flores se caen, tienes que parar.

Vi las sonrisas muriendo en el carrousel,
vi tantos monos, nidos, platos de café,
platos de café, ah.

Guarda al hilo, nena,
guarden bien tus manos
esta libertad.
Ya no poses nena,
todo eso es en vano,
como no dormir.

Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo tiempo por pasado fue mejor,
Mañana es mejor.


Luis Alberto Spinetta


Carta abierta al juez Bonadío


por Jorge Rachid

Sr. Bonadío en primer lugar quiero agradecerle a usted, la persecución impiadosa desplegada por su
Juzgado, sobre Cristina Fernández de Kirchner, ya que la misma permitió a millones de  argentinos, rememorar la vida que tuvimos los argentinos durante doce años, de un peronismo del cual usted abjuró.
La revolución fusiladora los hizo más grande a Perón, la Resistencia se fortaleció en su persecución, degradación, excomunión, fijando los objetivos políticos del Perón Vuelve. Lo mismo le pasó a Mitre y Sarmiento cuando quisieron enterrar la memoria de Rosas, Artigas, Andresito, Juana Azurduy descriptos como “la barbarie”, siendo hoy ejes emblemáticos de nuestra nacionalidad. Hubo en esos tiempos hombres como usted, aunque con mayor talento, al menos literarios como Florencio Varela, que no dudó en ofrecer la Argentina a la Corona Británica, o Miguel Cané que como diputado, propuso la desgraciada Ley de Residencia que expulsaba extranjeros, al mejor estilo Trump de hoy.




Pero usted Bonadío no sólo expresa en su conducta un rencor profundo, un odio, que en el jardín de infantes de psicología se estudia como canalización de sus propias frustraciones, la cual quiere esconder detrás de la figura de matón judicial. Es lógico que esté frustrado, creyó que con sólo acceder al cargo sin otro mérito, ni carrera judicial que lo justificase, por medio de una lamentable supuesta militancia política que junto a Manzano, Corach, Moldes, Mazzon, cambiaron y vendieron sueños por dinero, en el tráfico ideológico de los 90 del menemato, alcanzaba "el éxito".
Será por eso que recibió golpes jurídicos al sobreseer sin investigar a los funcionarios de esas épocas, sus compañeros de ruta en el Ministerio del Interior y en el gobierno. Nunca estuve de acuerdo con la judicialización de la política, ni antes ni ahora, pero usted se transformó en un ariete mercenario de los poderes hegemónicos que lucran con su ignorancia jurídica, lo envían al combate por defender sus intereses y usted en su incapacidad queda expuesto. “Roma no paga traidores”, agregaría yo, ni mercenarios en la historia, no será distinto ahora, cuando su afán de “mejor alumno” lo hace avanzar con figuras tan insólitas como “asociación ilícita” al gobierno anterior o a la familia Kirchner. Sin dudas un hallazgo de la imaginación jurídica que será estudiada en los manuales del “no hacer”.
Su mediocridad no sólo avanza sobre la ex Presidenta, sino sobre sus hijos, sus cuentas, sus gastos diarios, suspende la pensión del marido muerto, clausura la herencia de los hijos, embarga bienes y juega a aparecer en los medios los fines de semana, con fallos los viernes para ocupar el lugar mural del periódico. Toda una estrategia comunicacional dada, donde los medios se enteran de sus medidas antes que las partes, porque ellos es de suponer, la escriben previamente.
Usted siempre quiso ser, nunca pudo, de ahí su odio. Entró por la ventana al lugar que ocupa, no es respetado por sus colegas, ni querido en Tribunales, carga dos muertos jóvenes, en un asalto, uno con disparos en la espalda que fue saludado efusivamente como “un vengador” de la claque de “mano dura”, periodistas, militares condenados, fascistas conocidos en esa caterva que le sirve de coro, que acaricia sus fallos contra todo lo que huela a peronismo, hoy usted es “el fusilador del 55”.

Quizás no tolere la fortuna de Cristina, declarada año a año desde 1985, con crecimiento patrimonial demostrado, porque la suya Bonadío no la puede mostrar, ni nadie sabe de donde salió. Ese rencor que expresa, es parte de mediocridad, si lo hubiese leído a Perón en vez de trepar a cualquier precio una escalera al éxito de la nada, sabría que la gente sabia “negocia con los malos, no con los estúpidos”, porque los primeros pueden tener códigos, pero los sonsos como usted, lo pueden llevar a cualquier lado. Mire Bonadío, usted se declara incompetente en la causa y sigue produciendo hechos, esconde su incompetencia en los pliegues de una Justicia que en niveles superiores ya le dieron retos de “flojedad de papeles”. Su odio es superior a su pensamiento, lo cual hace de usted una pobre persona a la cual la mayoría de los peronistas, pensamiento y doctrina de valores y principios, a los cuales usted alguna vez, alegremente adhirió con tanta firmeza como el agua que se evapora con el calor, ni siquiera le tengamos rencor, sino lástima, por ser tan poca cosa, que la historia se encargará de sepultar, como un mal recuerdo.
Una vez más gracias, su ineptitud y su persecución vengadora, han permitido al pueblo argentino pensar y revalorizar una figura que hoy constituye el único liderazgo político en la Argentina, frente a seres tan mediocres como los que usted representa, desde el presidente al dueño del multimedio, quienes lo usan hoy, como lo tirarán mañana al tacho de la basura, bajo la batuta de la Embajada de EEUU, que usted frecuenta. Nadie quiere convivir con la mugre, después de haber ensuciado la Patria.
Sin más, sólo deseo que su conciencia, si alguna vez le funciona, haga una disculpa pública al pueblo argentino por haber mancillado la Justicia.
Jorge Rachid